lunes, 12 de abril de 2021

Cajas de puros para guardar tesoros

 Mi padre era coleccionista de muchas cosas, entre ellas vitolas de cigarros puros, él no fumaba y sus amigos se las daban junto a cajas como ésta y otras de mayor tamaño. De pequeño yo le pedía alguna a veces y la convertía en el lugar donde guardaba cosas que me gustaba reunir.

Cerca de casa había un taller mecánico, uno de mis hermanos, los amiguetes y yo, íbamos a la parte de atrás de éste donde se amontonaba y luego quemaba la correspondencia recibida, nosotros nos adelantábamos y cogíamos los sellos de los sobres que luego despagábamos en agua. Esos sellos iban a la caja de Álvaro, junto a las vitolas que encontraba en la calle, unas monedas para las chucherías, alguna chapa de Mirinda con plástico coleccionable o la insignia del chicle Bazooka. Eran cosas insignificantes observándolo en la actualidad, pero en aquellos días eran verdaderos tesoros. Los objetos de las imágenes no son los de entonces pero la caja si que es una de las que tuvo mi padre.

En Madrid, durante el servicio militar, en una caja de puros de las grandes, iba guardando ediciones de sellos que me encargaba mi padre, alguna tarjeta comprada el domingo en la Plaza Mayor, entradas de cines y museos, programas de exposiciones y alguna que otra curiosidad de recuerdo del Mundial del Fútbol del 82. Eran otros tesoros, quizá menos entrañables pero igualmente de un grato recuerdo.



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