Cuenta la leyenda que en Sevilla, en la Calle de la Muerte en el barrio de Santa Cruz, el importante banquero judío Diego Susón, harto de los asaltos que realizaban los cristianos envidiosos de su forma de vida, decidió reunir un grupo de judíos adinerados que vivían en el barrio para preparar el ataque a los cristianos. Su hija Susona Ben Susón, que se veía en secreto con un noble caballero cristiano, al oír lo que tenían planeado, acudió a su amado para informarle de las intenciones que tenían los judíos. Los cristianos se anticiparon a la rebelión y Diego Susón junto a unos 20 judíos más fueron ahorcados. Susona arrepentida se marchó a un convento donde permaneció hasta el día de su muerte. Al abrirse su testamento se podía leer:
"Y para que sirva de ejemplo a los jóvenes y en testimonio de mi desdicha, mando que cuando haya muerto separen mi cabeza de mi cuerpo y la pongan sujeta en un clavo sobre la puerta de mi casa, y que quede allí para siempre jamás".
Se cumplieron sus deseos permaneciendo en el lugar durante dos siglos cuando fue sustituida por estos azulejos de Triana que pueden verse en la llamada hoy Calle Susona.
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