Cantaba Gardel, el rey del tango argentino, - ♪ Que veinte años no es nada ♪ -, pues un servidor ya se encuentra a mitad de camino. Hoy se cumplen diez años desde que viera la luz este blog, ¡Qué rápido ha pasado el tiempo!.
Durante más de cuarenta años mi vida laboral fue muy metódica, y no podía ser menos, como todo trabajo de diseño técnico, un error en una coma en los cálculos de cortocircuito o unos pocos milímetros en el diseño, podían suponer a veces pérdidas millonarias si lo vemos solo desde el prisma de lo económico. Hubo un tiempo en el que los números eran lo importante en mi día a día, quizá lo menos atractivo de mi trabajo, aunque por suerte el diseño me evadía.
Han transcurrido casi cinco años desde que dejé atrás esas obligaciones, durante otros tantos compartía lo laboral dando vida a este blog durante el tiempo de ocio. Ahora mi rutina continúa exclusivamente con él, así el día a día lo ocupo en buscar contenidos y mantener o regular unas pautas de publicaciones, mantenerlo actualizado. Lo mejor es que ahora soy mi propio jefe, elijo mis trabajos y establezco la flexibilidad en los horarios.
En este humilde espacio, con el recuerdo como hilo conductor, intento dar forma a unos pensamientos, identifico una imagen captada en algún lugar que visito o acompaño con un comentario alguna pieza de mi colección o encontrada en mis visitas a los distintos rastros. No he pretendido nunca nada más, eso sí, quiero pedir disculpas porque estoy seguro de que la redacción será muy mejorable, y también lo estoy de que sabrán comprenderlo, al menos siempre intento no cometer errores de ortografía.
Llegados a este punto me encuentro en la obligación de agradecer enormemente esas casi seiscientas mil visitas, que aunque reconozco que nunca ha sido mi meta, son un aliciente más para seguir adelante. Mientras el cuerpo aguante seguiré al pie del cañón, porque mantenerlo vivo será sentirme vivo igualmente. No estoy preparado aún para abrir los ojos, levantarme cada mañana y no tener nada en lo que ocupar mi tiempo libre, que cuando tenga que llegar ese momento cerraré esta ventana y continuaré con mis recuerdos pero ya sin hacerlos públicos.
Esta es la vida de un simple coleccionista de recuerdos, hay muchas otras, pero para nada la cambio por la mía. A por los veinte años de Gardel.

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